La Administración de Donald Trump considera que la estructura de poder en Cuba no depende únicamente de Miguel Díaz-Canel. Según un reporte atribuido a Bloomberg, funcionarios estadounidenses identifican varios centros de influencia alrededor de la familia Castro, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el conglomerado militar GAESA y la dirigencia del Partido Comunista.
La evaluación, difundida este 17 de agosto por Periódico Cubano, ayuda a explicar por qué Washington ha optado por una campaña de sanciones dirigida contra instituciones, empresas y figuras de la élite, en lugar de concentrar toda su presión sobre el presidente cubano.
Una evaluación de Washington, no una estructura reconocida oficialmente
El planteamiento debe leerse como la interpretación del Gobierno estadounidense sobre el funcionamiento interno del sistema cubano. La Constitución de la Isla reconoce a Díaz-Canel como presidente de la República y él ocupa además el cargo de primer secretario del Partido Comunista. Sin embargo, distintas investigaciones y testimonios de funcionarios extranjeros sostienen que las decisiones estratégicas también pasan por redes militares, partidistas y familiares.
De acuerdo con el reporte citado, los negociadores estadounidenses observan intereses que no siempre son idénticos entre la familia Castro, la cúpula de las Fuerzas Armadas, la burocracia del PCC y los descendientes de figuras históricas de la Revolución. Esa dispersión dificultaría cualquier intento de negociar una transición mediante la salida de una sola persona.
Raúl Castro conserva influencia pese a su retiro formal
Raúl Castro dejó la jefatura del Partido Comunista en 2021, pero sigue siendo considerado una figura con peso político. La agencia Associated Press señaló en junio que, aunque ya no ocupa cargos formales, se cree que mantiene una influencia considerable. Su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro también ha aparecido en reportes sobre contactos entre La Habana y Washington.
El papel de la familia se cruza con el de GAESA, el conglomerado empresarial creado bajo control militar que administra actividades claves en turismo, comercio, finanzas y logística. La opacidad de sus cuentas y su conexión con las Fuerzas Armadas han convertido a la entidad en uno de los objetivos principales de la política estadounidense.
Las sanciones buscan presionar al aparato económico
Washington sancionó a Díaz-Canel y a varios familiares en junio, e incluyó también a organismos militares y de vigilancia. En julio amplió las restricciones contra otras entidades y funcionarios. La cobertura de EFE documentó esa nueva ronda y la respuesta del Gobierno cubano, que calificó las medidas como un castigo contra la población.
Para la Casa Blanca, el objetivo declarado es reducir el acceso de la cúpula a divisas y elevar el costo de operar mediante empresas estatales o asociadas al sector militar. La Habana, por su parte, atribuye a la presión estadounidense buena parte del deterioro económico y rechaza que un gobierno extranjero tenga autoridad para decidir su sistema político.
La ausencia de un interlocutor único complica las negociaciones
Si la lectura estadounidense es correcta, apartar a Díaz-Canel no bastaría para transformar el sistema. El poder institucional del Partido, el control militar sobre sectores económicos y la influencia histórica de la familia Castro continuarían operando. También existe incertidumbre sobre quién podría representar a una oposición diversa en una eventual negociación.
Ese diagnóstico coincide con la estrategia gradual descrita en otros reportes recientes. El País informó que el secretario de Estado, Marco Rubio, apuesta por presión prolongada y ha pedido paciencia ante las expectativas de un cambio inmediato.
Qué significa este análisis para Cuba
La principal conclusión es que Washington ya no presenta el problema cubano como la permanencia de un solo gobernante, sino como una red de instituciones y grupos con intereses económicos y políticos entrelazados. Esa visión puede traducirse en más sanciones selectivas, mayores exigencias de transparencia y conversaciones con distintos actores.
Por ahora, no existe evidencia pública de un acuerdo sobre una transición ni de una ruptura dentro de la dirigencia cubana. Las afirmaciones sobre quién ejerce el poder real continúan siendo objeto de análisis y disputa política. Lo confirmado es que Díaz-Canel conserva los principales cargos formales, mientras Raúl Castro, la estructura militar y el PCC mantienen una presencia decisiva en la vida nacional.
Imagen destacada: Miguel Díaz-Canel en 2023. Fotografía de Casa Rosada, vía Wikimedia Commons, bajo licencia CC BY 2.5 Argentina. La imagen fue recortada de su original.
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